Rima LXXIII
...
Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil rüidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
—¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!
...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario