jueves, 22 de octubre de 2009

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima LXXIII
...
Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil rüidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

—¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!


...

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